Ansioso por dirigir en la cancha al Once Caldas, con el que
sueña ser campeón, el entrenador cartagenero recalcó que la raza “no determina
si eres buena o mala persona” y se refirió a los dos técnicos colombianos que
admira.
De ascendencia afrocolombiana y alemana,
Húbert Bódhert nació en Cartagena el 17 de enero de 1972. Era una época en la
que la afición de la costa Caribe del país se inclinaba por el béisbol y el
boxeo. Los radios, en su mayoría, sintonizaban la información de las Grandes
Ligas y las peleas de un tal Antonio Cervantes, Pambelé. Poca importancia tenía
la pelota de fútbol en comparación con los lanzamientos, los batazos, los
ganchos y los golpes cruzados en los cuadriláteros.
Los gustos del pequeño Húbert eran la excepción. Él
adoraba salir a patear su desgastado pero sagrado balón en las calles arenosas.
“Gracias al fútbol callejero me fui enamorando más de esto”, recordó el hombre
que se destacaba en los partidos aficionados y que luego representaría al
departamento jugando con la selección de Bolívar.
“Me fui encarrilando y me siento
orgulloso de haber podido jugar en la Primera B y tener entrenadores que me
iban dejando enseñanzas. Empecé a ver el fútbol de otro modo y, gracias a Dios,
sigo trabajando en él, ya como director técnico”, continuó Bódhert, quien
después de actuar en Real Cartagena (1992-1995) y el desaparecido equipo El
Cóndor (1995-1997), se ha dedicado a ser entrenador.
Comenzó su carrera en el banquillo de
Expreso Rojo, pero se dio a conocer en 2008 por ser el estratega que consiguió
regresar a su querido Real Cartagena a la máxima categoría del balompié
colombiano. Tuvo un fugaz paso por Llaneros antes de volver al cuadro
cartagenero y de partir a Jaguares de Córdoba, con el que realizó una destacada
campaña en 2017, y lo clasificó a la Copa Sudamericana.
En 2018 llegó al Once Caldas, también lo instaló en la
Sudamericana y perdió la final de la Copa Colombia ante Atlético Nacional. En
ese año vivió el hecho más lamentable de su carrera como entrenador.
Tras un partido contra Águilas Doradas denunció: “Todo
el partido el señor Lucero Álvarez (por entonces arquero uruguayo del equipo
antioqueño) le dijo al chico Johan Carbonero: ‘Negro, la puta que te parió’.
Estaba insultándome al pelao. Estoy saludando al árbitro, Lucero pasa y le digo
que tiene que respetar. Aquí no van a venir extranjeros a maltratarnos,
nosotros somos negros a mucho honor y no puede venir un jugador tan grande a
maltratar a un chico. Ya en Colombia no estamos para eso. Solo le he exigido
respeto hacia sus colegas”.
Álvarez lo desmintió y dijo que el DT fue quien lo
insultó con palabras xenófobas. Entre otros temas, Bódhert dialogó con El Espectador sobre ese episodio, que
revive por los recientes actos racistas que ha presenciado el planeta.
¿Cómo terminó ese hecho entre el arquero
Lucero Álvarez y usted?
Fue una situación que pasó y defendí lo que tenía que
defender en su momento. Me sentí mal en esa situación, porque me agredieron al
chico, pero fue superado inmediatamente. Después tuve una conversación con el
jugador Lucero Álvarez y no pasó a mayores.
¿Qué opinión tiene de los actos racistas
que ha vivido el mundo y el deporte en los últimos tiempos?
Creo que a escala mundial no debemos discriminar a las
personas por la raza. Somos iguales, los colores no son los que determinan si
eres o no una buena o mala persona, así que hay que enfocarse más en la
integridad de las personas, en lo que son, cómo son y la estructura como tal,
antes que mirar el color.
Aparte del suceso entre Álvarez y
Carbonero, ¿ha presenciado otros episodios de racismo en el fútbol colombiano?
No solo en el fútbol colombiano, se han visto en
muchos escenarios, pero gracias a Dios creo que esto ya se ha ido superando y
esperamos que no vuelvan a suceder estos casos, y mucho menos en el fútbol. En
lo personal, aparte de esa experiencia de la que hablamos, no he tenido más en
el terreno de juego sobre ese aspecto.
¿Cuál es la anécdota más curiosa que ha
experimentado en su carrera como entrenador profesional?
Recuerdo que una vez dirigía un equipo muy limitado,
estábamos ya en el segundo tiempo e íbamos ganando. En el banco no tenía
jugadores de gran envergadura ni en buen nivel, y uno de los muchachos me decía
que ya estaba cansado. Yo volteaba al banco, me regresaba y le decía: “Regálame
cinco minutos más, no te salgas”. Tenía que sostener ese once titular lo que
más pudiera, porque se encontraban en cancha los que mejor estaban en el
momento. Afortunadamente los muchachos hicieron mucho esfuerzo para conseguir
el objetivo y ganamos 1-0. Pero sí que sufrimos.
¿En qué momento se dio cuenta de que
quería ser director técnico?
Eso fue sobre los 27 años. Me invitaron a dar una
charla a un entrenamiento de chicos de ocho y nueve años. Ellos captaron con
claridad y precisión lo que les expresé en cada uno de los ejercicios, los
desarrollaron de una manera que me hizo sentir una química y conexión
inmediata. Eso me dejó claro el mensaje. A pesar de que nunca había dirigido,
pues solo contaba con la experiencia adquirida como jugador, seguimos y ese
mismo año fui campeón.
¿Qué técnico del mundo admira?
Admiro mucho a técnicos colombianos, al estratega
criollo. Pero hay dos técnicos que marcan una diferencia: los profesores
Reinaldo Rueda y Juan Carlos Osorio. Son dos personas que respeto y admiro
demasiado. No obstante, los que están compitiendo hoy en el fútbol colombiano
nos siguen demostrando día a día mucha capacidad.
¿Qué tiene proyectado para su vida en
los próximos años?
Tengo un sueño inmediato, que Dios permita se nos dé: ser campeón con Once Caldas. También espero dirigir los grandes clubes de Colombia, conseguir cosas importantes y prepararme para luego ir al fútbol internacional.
Por: Sebastián Arenas - @SebasArenas10 para el diario El Espectador
Foto: Futbolred

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